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A mis estudiantes de magisterio

A mis estudiantes de Magisterio
Publicado por Miguel Ángel Santos Guerra | 4 Agosto, 2012
En junio de 2011 despedí a mis alumnos y alumnas de segundo curso de magisterio con un documento especial. Era probablemente mi último curso impartido a futuros maestros y maestras ya que, aunque me parezca increíble, estoy a las puertas de la jubilación. Cada año, al terminar el curso, me despedía de mis estudiantes con un regalo: una carta, un poema, un cuento, un artículo… Ese año, por ser el último, quise dejarles algunas sugerencias para su futuro profesional.

Hay que poner el corazón.
Ahora voy a compartirlas con mis lectores y lectoras, entre los que sé que hay algunos y algunas docentes. Creo que se trata de sugerencias que valen para todos, no solo para noveles. Este es el documento.
“En esta despedida de curso quiero dejaros por escrito algunas ideas que he repetido varias veces en las clases, con el deseo y la esperanza de que os sean útiles en el desempeño de la hermosa y decisiva tarea que vais a realizar.
1. SI NO PODEÍS HACER LO QUE AMÁIS, SÍ PODÉIS AMAR LO QUE HACÉIS. Hay que poner el corazón. No siempre se hace lo que se desea hacer, pero siempre se puede afrontar el trabajo con entusiasmo. Poned alma en la tarea. Vividla apasionadamente. Seréis más felices y vuestros alumnos y alumnas lo agradecerán. Los maestros y maestras aumentan su autoridad a través del amor a lo que enseñan y del amor a quienes enseñan.
2. TODO HABLA EN LA ESCUELA. Prestad oídos. Escuchad. Mantened los ojos abiertos. Tened abierta la mente para poder comprender lo que dicen las cosas y lo que sienten las personas. Aprended de forma constante. Tenéis que ser aprendices crónicos. Ser profesor es desarrollar el oficio de aprender.
3. NO OLVIDÉIS QUE FORMÁIS PARTE DE UNA COMUNIDAD EDUCATIVA. En esa comunidad están las familias. Sin ellas es imposible hacerlo bien. Lo importante es el proyecto de la escuela. El trabajo que se hace en una institución no es el sumatorio de clases particulares que se imparten en las aulas. No hay niño que se resista a diez profesores/as que estén de acuerdo.
4. ENSEÑAD A CONVIVIR. No os limitéis a transmitir conocimientos. Procurad enseñar valores. Porque no hay conocimiento útil si no nos hace mejores personas. Fueron médicos bien preparados, ingenieros muy bien formados y enfermeras muy capacitadas en su oficio, los profesionales que diseñaron las cámaras de gas en la Segunda Guerra Mundial.
5. SED UN EJEMPLO CONSTANTE. Porque el ruido de lo que somos llega a los oídos de nuestros alumnos con tanta fuerza que les impide oír lo que decimos. Enseñamos como somos, no como decimos que tienen que ser. No hay horma más bella y más eficaz de autoridad que el ejemplo.
6. LEED INCESANTEMENTE. Con ganas. Con avidez. Pensad que la lectura es un placer, no un castigo. Pensad que el conocimiento avanza sin cesar y que es necesario estar al día. No se hace una persona competente de una vez para siempre. Las personas inteligentes aprenden siempre. Este es un buen lema: Todavía estoy aprendiendo.
7. ESCRIBID Y PUBLICAD. Cuando escribimos, el pensamiento errático y caótico que tenemos sobre la práctica tiene que ser ordenado y estructurado. Si, además, publicáis, otros profesionales podrán beneficiarse e vuestras iniciativas. Es muy importante compartir.
8. ARRIMAOS A QUIENES SE ESFUERZAN Y DESEAN MEJORAR. No os agrupéis con los mercenarios, con quienes no se esfuerzan, con quienes siguen la ley del mínimo esfuerzo. No forméis grupos con quienes solo critican, con quienes siempre están descontentos.
9. APRENDED DE LOS ERRORES. Vais a cometer errores. vais a tener equivocaciones, pero existe un arte en la vida que consiste en manejar adecuadamente dos signos menos para formar un signo más.
10. QUE LA EXPERIENCIA OS HAGA MEJORES. Ojalá que, a medida que vayáis cumpliendo años en la enseñanza, vayáis haciéndoos más humildes, más sabios, más optimistas y más felices. La experiencia os va a dar años, pero no os va a dar, automáticamente, sabiduría.
11. INNOVAD CON CRITERIO. No os entreguéis a la rutina, que es el cáncer de las instituciones y de las personas que trabajan en ellas. Si os hacéis funcionarios, pensad que ese es el comienzo, no el final del esfuerzo.
12. NO OS DESALENTÉIS ANTE LOS FRACASOS. Habrá fallos, pero podéis aprender de ellos, os podéis fortalecer al superar el desaliento que provocan. Así podéis evitar otros fallos que estarán al acecho.
13. HACED AUTOCRÍTICA. De lo contrario estaréis condenados a mantener vuestras rutinas, a repetir vuestros fallos. Estad abiertos a la crítica, humildemente. La que os puedan hacer los colegas, los alumnos y alumnas, las familias.
14. PRESTAD UN ESPECIAL CUIDADO A LOS MÁS NECESITADOS/AS. Son quienes más precisan de vuestra ayuda, de vuestro afecto, de vuestro trabajo. Echad una mano a quienes van retrasados, comprended a quienes sufren alguna discapacidad. Ofreced un suplemento de afecto a quienes no se sienten queridos. Y si, como es probable, llegáis a una escuela rural, integraos en la comunidad.
15. SED POSITIVOS Y OPIMISTAS. Esta tarea es intrínsecamente optimista. Sin optimismo podéis ser buenos domadores, pero no buenos educadores.
16. NO OLVIDÉIS ESTA CONSIGNA: QUE TU ESCUELA SEA MEJOR PORQUE TÚ ESTÁS TRABAJANDO EN ELLA. Ojalá que se note positivamente que estáis ahí, con ilusión, con trabajo, con ideas. Ojalá que las familias y los alumnos se froten las manos de alegría cuando se enteren de que sois vosotros quienes les vais a dar clase.
Os deseo lo mejor en vuestra experiencia. Que, a través de ella, seáis felices y ayudéis a que las personas sean mejores y a que la sociedad sea más justa y más hermosa. Con afecto”.
Sólo añado ahora algo que me preocupa mucho: el derrotero que seguirán quienes llegan por primera vez a la escuela con enorme ilusión, con total entrega. ¿Qué será de ellos y de ellas? ¿Les arrastrará la vida a la desilusión, a la tristeza y al pesimismo? ¿O serán capaces de insuflar en sus comunidades un nuevo soplo de ilusión, de creatividad y de amor? Hago votos por lo segundo. Porque la vida es una obra de teatro que no admite ensayos.

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